Factores clave para demoler un edificio
La evaluación de las estructuras, la seguridad de los vecinos y la coordinación con las comunidades son algunos de los aspectos que determinan cómo se desarrollan las demoliciones en las zonas afectadas por un desastre.
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La demolición de una edificación después de un terremoto no comienza con la llegada de una máquina ni termina cuando desaparecen los escombros. Detrás de cada intervención hay decisiones de ingeniería que deben considerar el estado de la estructura, las condiciones del terreno y, especialmente, los riesgos para las personas que viven o transitan en sus alrededores.
Tras el sismo del pasado 10 de agosto, estos procedimientos han cobrado especial relevancia en la recuperación de los sectores afectados. Una de las principales decisiones consiste en establecer qué método de demolición resulta adecuado para cada inmueble: mecánico, manual especializado o mediante implosión.
La elección no responde a una fórmula única. Depende de factores como los daños estructurales, los materiales de construcción, la altura de la edificación, los espacios disponibles, la cercanía de otras viviendas y la presencia de redes de servicios públicos.
“La seguridad de las personas es el criterio central de estas intervenciones. Cada proyecto requiere una evaluación técnica que permita identificar los riesgos y establecer las medidas necesarias para proteger tanto a los trabajadores como a los vecinos y las edificaciones cercanas”, explicó Francisco Camacho, director de proyectos de Atila Demoliciones.
Una demolición puede tardar meses en planearse, aunque el colapso dure segundos
Uno de los aspectos menos visibles de estos procedimientos es la preparación técnica. Aunque una implosión puede provocar el colapso principal de una estructura en cuestión de segundos, su ejecución requiere estudios, diseños, permisos y protocolos de seguridad.
En las demoliciones mecánicas, por su parte, los tiempos dependen de las características del inmueble, la maquinaria necesaria, las condiciones de acceso y el manejo de los materiales resultantes. Por eso, comparar los métodos únicamente por el tiempo que tarda en caer una estructura puede ofrecer una visión incompleta.
También es necesario considerar la preparación, la ejecución, el retiro de los residuos de construcción y demolición y su disposición final. En este tipo de operaciones, la delimitación de las zonas de trabajo, el control de acceso, las rutas de evacuación y la prevención de afectaciones a las construcciones vecinas hacen parte de la planeación.
La recuperación también implica trabajar con las comunidades
Más allá de los procedimientos de ingeniería, las demoliciones posteriores a una emergencia tienen un componente social: se desarrollan en lugares donde las familias han perdido sus viviendas, sus pertenencias o parte de su entorno cotidiano.
Por esta razón, la comunicación con los habitantes, las juntas de acción comunal y las autoridades locales es un elemento importante durante las intervenciones. La coordinación permite atender las inquietudes de la comunidad, informar sobre los trabajos y considerar las particularidades de cada sector.
“Hemos aprendido de esta tragedia y hemos tratado de responder desde lo técnico, pero también mediante un trabajo conjunto con las entidades gubernamentales y municipales, las juntas de acción comunal, las personas afectadas y el entorno”, señaló Camacho.
Atila Demoliciones, empresa vallecaucana que participa en este tipo de intervenciones y cuenta con más de 27 años de trayectoria, ha desarrollado proyectos de demolición convencional y especializada, implosiones, movimientos de tierra y urbanismo en distintas regiones del país.
La experiencia de las intervenciones posteriores a una emergencia pone sobre la mesa un desafío que va más allá de retirar estructuras comprometidas: garantizar que los procesos de recuperación se desarrollen con criterios técnicos, medidas de seguridad y consideración por las comunidades que habitan los territorios afectados.